Florida ha aprobado una legislación que efectivamente prohíbe los dispositivos diseñados para evadir los sistemas de lectura automática de matrículas (ALPR), incluso si esos dispositivos no obstruyen visiblemente una matrícula al ojo humano. La nueva ley se dirige a cualquier mecanismo (manual, electrónico o mecánico) que interfiera con la legibilidad, detectabilidad o capacidad de grabación de una placa. Esto significa que una calcomanía minimalista creada por el músico e ingeniero Benn Jordan ahora podría llevar a los conductores a la cárcel.
Cómo funciona el sistema… y cómo se puede engañar
Las cámaras ALPR están omnipresentes y están montadas en vehículos e infraestructuras policiales en todo Estados Unidos. La calcomanía de Jordan explota una debilidad en la forma en que la IA de estos sistemas clasifica las imágenes. El dispositivo, una pegatina de placa con puntos estratégicamente colocados, no oscurece la apariencia de la placa para los humanos. Los números, las letras y el diseño siguen siendo perfectamente legibles. Sin embargo, los puntos confunden a los modelos de aprendizaje automático, lo que a menudo hace que clasifiquen erróneamente la placa por completo y se salten el registro.
“Florida ha criminalizado efectivamente las herramientas que desafían la infraestructura de vigilancia, incluso cuando no impiden que un humano identifique un vehículo”. — Louis Rossmann, defensor de los derechos de reparación.
El amplio alcance de la ley
La ley no distingue entre obstrucción intencional e interferencia no intencional con los sistemas de grabación. Esto significa que incluso si un conductor no está tratando activamente de evadir la aplicación de la ley, el simple hecho de usar una herramienta que interrumpa el reconocimiento de imágenes de la IA podría tener consecuencias legales. Los críticos argumentan que la legislación prioriza la protección de la infraestructura de vigilancia sobre la intención, el daño o la legibilidad humana.
Implicaciones y preocupaciones
El caso pone de relieve la creciente tensión entre la tecnología de vigilancia y la privacidad. A medida que los sistemas ALPR se vuelven más frecuentes, es probable que proliferen los métodos para evadirlos. La redacción amplia de la ley de Florida sienta un precedente que podría penalizar incluso los intentos benignos de probar o cuestionar estos sistemas. La conclusión clave es que en Florida, la percepción que tiene la IA de su matrícula ahora importa más que si un humano puede leerla.
La línea legal no ha sido trazada por el juicio humano, sino por algoritmos.





















