La reciente entrada de fábrica de Land Rover en el Rally Dakar con tres Defender marca el primer impulso oficial de la marca en la legendaria carrera de resistencia. Sin embargo, la participación de la compañía en este agotador evento se remonta a un período en el que un Range Rover conducido por periodistas de Autocar intentó la misma hazaña décadas antes.
Los primeros días del Dakar: una obsesión francesa
El Rally París-Dakar, nacido en 1979, rápidamente ganó notoriedad por sus condiciones brutales y su naturaleza impredecible. Inicialmente visto como “un evento peculiarmente francés” por los medios británicos, llamó más la atención en 1982 cuando Mark Thatcher desapareció durante seis días después de un accidente. Pero antes de eso, el rally ya había captado la atención de los entusiastas del motor británico.
El primer intento de Autocar: una apuesta respaldada por la fábrica
En 1980, Tony Howard, entonces editor asistente en Autocar, consiguió un Range Rover de British Leyland para un ambicioso intento en el Dakar. El vehículo era casi estándar, con sólo modificaciones menores, como suspensión reforzada, un tanque de combustible adicional e iluminación adicional. A pesar de no ser un participante oficial de la fábrica (Howard tuvo que recaudar gran parte de la financiación él mismo), el equipo llegó a 400 millas del Dakar antes de que ocurriera una falla mecánica.
Castigo implacable: la realidad del mitin
Al año siguiente, Howard se asoció con el editor técnico de Autocar, el ex piloto de Fórmula 1 John Miles, para otra prueba en un Range Rover propiedad de BL. Miles describió vívidamente la manifestación como “una especie de castigo demoníaco implacable para el vehículo y sus ocupantes”, muy alejada de la imagen romántica que muchos tenían. La pareja compitió contra 307 vehículos, pero sólo 42 coches terminaron dentro del tiempo límite, lo que pone de relieve la naturaleza implacable de la carrera.
La vida en la carretera: resistencia más allá de la conducción
El rally fue tanto una prueba de supervivencia como de velocidad. Miles relató las dificultades: “Dirigir tu propio negocio significa vivir en la parte trasera de un Range Rover cargado de polvo durante 20 días… Puede ser una tarea agotadora”. Las etapas en sí fueron brutales, abarcando tramos de 600 km de terreno desolado: desiertos planos, arena suave y pistas rocosas, todo combinado.
Una pista perdida y una realidad brutal
Al principio de la carrera, el equipo Autocar lideró la categoría de ‘tracción total estándar’ antes de que una misteriosa penalización de 15 horas los hiciera perder posiciones. Las etapas cruciales, especialmente la sección de 335 millas desde Tit a Timeiaouine y la posterior carrera de 460 millas hasta Gao, se convirtieron en una pesadilla de terreno traicionero. Con dos pinchazos ya consumidos por los recambios, un tercer pinchazo les dejó varados sin recambios, obligándoles a abandonar la carrera.
La historia de los intentos de Autocar en el Dakar subraya la profundidad histórica del rally y la larga asociación de Land Rover con los desafíos todoterreno extremos. Las condiciones eran duras, el apoyo mínimo y había mucho en juego, pero el espíritu de competencia se mantuvo intacto.
